Siempre a la misma distancia
Desde que llegamos a este mundo, se dice, comenzamos nuestra vida en la tierra. Para algunos será más larga que para otro. Se sufren enfermedades, mortales o no, que nos van quitando esa salud que tanto cuidamos en el día día. Muchos se acuestan y no se vuelven a levantar, otros salen de casa para jamás regresar. Caminando en la calle, sentados en un medio de trasporte, en el odontólogo, esperando turno para el banco, etc. No está escrito como ni donde vamos a morir, es algo que simplemente nos llega.El año pasado esta muerte para la que nos debemos preparar en vida, pero que muy poco hacemos, llamó a una de mis compañeras de la universidad. En esta semana, una familia conocida, en especial por mi mamá, murió en un accidente de transito estando de regreso de sus vacaciones. Ayer, unas siamesas que estaban unidas por la cabeza murieron en una cirugía con la que se pretendía separarlas.
En estos momentos uno se comienza a cuestionar que tanto se está preparado para recibir la muerte, pues bien, una de las cosas que he podido aprender durante mi corta exsitencia, es que llega sin avisar. Para los que somo Católicos la muerte significa ese transito a la casa de Padre en donde obtendremos la vida eterna junto a Él. Esto no quiere decir que solo baste morir para tener vida eterna, no; hay que ganársela acá en la tierra.
Todas las personas, todas las religiones, todas las creencias, tienen una respuesta cuando se habla del tema en cuestión. Es decir, al fin de cuentas, todos nos preparamos en vida para una simple y llana cosa: morir. Lo que hay que cuestionarse es qué tanto y como nos preparamos para este hecho que, al igual que el naciemiento, es universal al ser humano. Se puede secir, incluso, que es el único hecho en la vida que no lo planeamos (sin tener en cuenta a los suicidas, claro está). Esta, simplemente, llega por que llega.
Ahora hay que preguntarnos en la soledad de nuestro corazón, en esa inmensidad de amor que habita en nosotros, que tanto hemos vivido o hecho en este mundo para que podamos estar tranquilos y, plenamente, felices a la hora de ser llamados o tocados por la muerte. Debemos siempre estar atentos a ella, no precisamente para huirle, sino, al igual que toda visita, para acogerla de forma verdadera y amorosa en nuestro corazón.
Debemos comenzar entonces a vivir más intensamente, a amar y, por consiguiente, a prepararnos para ese paso, que al igual que el nacimiento, no nos pregunta si queremos o no, simplemente, llega. Sin olvidar que debemos optar por la vida y no por la muerte, pues recuerden que ella llega sin avisar, así que el qué la esté esperando se quedará esperandola.
Un servidor y ciudadano del mundo.
Charria
Imagen tomada de aquí
Comentarios