Ya viene el verano...
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| Lago del Parque Ibirapuera en domingo soleado.
Foto: Juan Mauricio Benítez
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El 7 de marzo de 2013 salí de mi casa en Bogotá, Colombia, para seguir a mi corazón, para seguir esos sentimientos y anhelos que te llevan a pensar que todo cambio es para mejorar, para sonreír más, y acercarte un poco más a esa felicidad que todos los seres humanos buscamos desde el día de nuestro nacimiento.
Llegar a Brasil no fue como yo pensaba. Hoy, luego de más de 7 meses en el país más grande del continente, puedo reconocer mis logros y fracasos, así como las áreas en las que aun debo trabajar. Entrar en la última recta de mi MBA es lo qué más alegría me da, pues al final este fue el objetivo principal de mi viaje.
Adicionalmente, llegó un tercer idioma, del que puedo decir que ya tengo un nivel avanzado; así como el conocer y entender una faceta de la cultura latinoamericana. Y sí, hablo de una faceta de cultura porque debo admitir que aunque todos seamos latinos, en Brasil me he encontrado con diferencias culturales en las que debo profundizar aun más.
Ha sido también una oportunidad para conocer mis límites, algunas fortalezas que no había identificado antes, así como algunos puntos débiles en los que me debo enfocar para continuar avanzado.
Ayer, 20 de octubre, comenzó el horario de verano, con este no sólo la luz del día se va más tarde, evidentemente la temperatura sube, los cuerpos transpiran aun más y se hace necesario tomar dos baños en el día para soportar tranquilo las altas temperaturas, en especial si se habla de alguien que venga de la nevera bogotana, como yo.
Puedo decir, luego de todo este tiempo, que lo que más me va a costar se está acercando. Así es, el calor siempre ha sido mi mayor enemigo, en todo el sentido de la palabra.
Por un lado, en mi configuración de fabrica el clima caliente, o como denominamos los rolos, "la tierra caliente", es sinónimo de vacaciones (Playa, brisa, mar, piscina, finca, hotel, comida, cerveza, martinis, etc). Por ende, no concibo por qué uno debe trabajar, estudiar, y hace actividades cotidianas con este clima.
En segundo lugar, "la tierra caliente" siempre traerá a mi cabeza recuerdos de mi infancia. Sí, memorias en las que mi familia no podía salir de la casa, hotel o cabaña debido a que yo sufría de hemorragias nasales, deshidratación y desmayos con tan solo caminar dos cuadras bajo tan inclemente sol. Mis papás debían llevar siempre extra provisión de agua, pañuelitos kleenex, y tener toda la paciencia para esperar cada vez que yo debía descansar durante el camino, sentándome, para no llegar a desmayarme.
Teniendo en cuenta estos dos factores, y que no me había sentido tan feliz antes en São Paulo, como me siento ahora, espero que las altas temperaturas sean totalmente llevaderas gracias a las alegrías, metas y demás factores externos que puedan llegar a influenciarme durante los meses que se aproximan.
Un viaje a Canada o al norte de los Estados Unidos no caerían nada mal en mitad del verano para mitigar los efectos del clima en mi cuerpo, algo así como el tradicional viaje de los canadienses a Florida en la mitad del invierno, pero en el sentido contrario. Sin embargo, sólo con el tiempo sabré si podré balancear mi termostato durante este tiempo.
Por ahora, a buscar la sombra, procurar vestirme menos formal y acoger más este jeito brasileño que se debe imprimir a todo en el país que será la sede del Próximo Mundial de Fútbol.
Charria.

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