Evolucionar, una decisión
El lunes 21 de febrero la Corte Constitucional despenalizó el aborto hasta la semana 24 de gestación en Colombia, decisión que celebro porque garantiza los derechos de las mujeres.
Sin embargo, esta decisión me recordó mi pasado “godo” (RAE: Que pertenecía o era afín al partido conservador del siglo XIX). En la primera década de 2.000 fue mi mayor activismo “pro-vida”. Hice plantones frente a varias embajadas en Bogotá en defensa de los no nacidos y participé en vigilias para pedir por las almas de las mamás que abortaban y por las de sus familias.
En conclusión, era alguien muy diferente al Juan Mauricio de hoy. Mi extremismo llegaba a tal punto que recuerdo que en el inverno de 2008-2009 en Canadá, participé de “40 days for life” y rezaba durante horas en la noche, en pleno invierno, frente a algunas clínicas de aborto en Toronto.
En otra ocasión, hice jornadas de medio día no solo rezando frente a estos centros, también teníamos la misión de interceptar a las mujeres y/o a las familias que ingresaban, para persuadirlos para que no abortaran. En esta actividad incluso me cuestionaba un poco el por qué llegaban familias con 3 o 4 hijos a acompañar a su mamá a hacer un aborto, o incluso padres con bebés de brazos, pero no entendía mucho.
Fue durante este tiempo que también empecé a preguntarme por qué mi formación cristiana católica negaba derechos y libertades no solo a las mujeres, si no en general a todos sus feligreses.
Afortunadamente, estaba en un contexto basado en las libertades individuales y no cercano al “Opus Dei” o al “Sodalicio de Vida Cristiana”, con quienes hasta entonces era mi mayor y más fuerte acercamiento a la fe.
Gracias a este contexto pude entender el respeto por las libertades individuales sobre quién soy y cómo soy. Allí fue mi primer paso para dejar un poco esa “godorría” que me caracterizaba. Situación que nunca hubiera pasado en Colombia porque aquí las libertades no son tan reales, y menos lo eran en 2009. Además, entendí que la religión no debe, ni tiene, por qué entrometerse en las libertades de los ciudadanos y que, además, debe estar totalmente alejada de las decisiones políticas y legislativas.
Así empezó en mi un proceso que cambió mi posición sobre algunos temas que son fundamentales para muchos como el aborto, el matrimonio de parejas del mismo sexo, la eutanasia y la legalización de las drogas. Estoy a favor de todas estas porque hacen parte de la libertad de cada ciudadano y creo que el Estado debe dar las garantías necesarias para que sean posibles.
Y eso es lo que celebro hoy con la decisión de la Corte, que gracias a esta se garantizan las libertades de las mujeres. Aún es largo el camino que nos queda por recorrer en Colombia al respecto, pero hay que reconocer que en los últimos años se han dado avances significativos sobre.
Al final, debemos recordar y reconocer que evolucionar y dar garantías no es obligar a que las personas actúen o hagan. Estos pasos son una invitación a respetar y reconocer los diferentes puntos de vista, a que no existe una visión y que todo esto es parte de una democracia. En conclusión, evolucionar es una decisión que hacer parte de nuestras libertades individuales.
By Charria.
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