Conversaciones con la muerte


Aunque fui criado por mi familia en una tradición católica, y durante años mi mayor sueño de vida fue ser sacerdote para poder dedicar mi vida al servicio de los más necesitados, hoy soy un convencido más de que lo único que tenemos como humanos es la vida, el estar y sabernos vivos, tener un corazón que palpita y uno pulmones que nos sirven para respirar, pues más allá no veo nada.


Aclaro, que si bien científicamente no se ha demostrado aun la existencia de un dios, creo que si hay una fuerza, energía, divinidad, ente, alien, o como sea que cada quien lo llame, que es superior a la humanidad. 


Retomando el tema de mi reflexión de hoy, creo que es necesario tener un diálogo permanente con la muerte, puesto que esta al final nos va a llegar a todos. No sé por qué, dentro de nuestra misma inmensidad y sabiduría humana, nos cuesta tanto tener esos diálogos o incluso pensar en ella.


Y qué es ese diálogo constante y permanente con la muerte, pues tener una conciencia de su realidad en nuestras vidas. A veces creo que el mismo ego humano, que nos lleva a querer perpetuarnos, nos nubla o nos lleva a olvidar tal realidad.  Nos enfocamos en vivir para tener cada día más, para hacer lo que “socialmente” es correcto y para vivir de una forma que nos dicta una religión con tal de ser salvados. Al final todo esto nos lleva a una sola cosa, querer vencer la muerte, y eso es lo que al final hace que la tengamos en el olvido, que la neguemos o la ignoremos.


Ahí es donde creo que no hemos entendido del todo por qué somos la única especie racional. Esa racionalidad, que nos hace “diferentes”, “mejores” o “superiores” a las demás especies, es lo que también nos ha quitado vida. Lo digo porque al final el deseo de prolongar nuestro tiempo en la tierra se traduce en desarrollo, que está bien, pero es un desarrollo que nos impide también disfrutar y vivir el hoy.


Es como si se hubieran invertido los roles, cuando estamos vivos no vivimos como queremos por estar pensando en una vida en el más allá, que ni sabemos si es real. De hecho, si recordamos temas católicos, siempre en miércoles de ceniza nos dicen: “del polvo vienes y en polvo te convertirás”. Expresión misma que nos invita a ser mucho más conscientes de la nada y de la vanidad de las cosas. Un claro ejemplo de esto es el boom que tienen hoy en día las cirugías plásticas y los tratamientos para prevenir el envejecimiento. Al final, vivimos en una cultura que se basa mucho en la apariencia, en el permanecer, en la vanidad, en el qué dirán y en las formas; pero condenamos hablar de la realidad de la muerte, le tememos a esta o le huimos en el día a día.


Vemos a la muerte tan distante, ajena y lejana que no tenemos presente, para nada, que es el próximo paso en nuestro existir. Creo que un primer paso para tener ese diálogo frecuente con la muerte es ser consiente todos los días que este puede ser mi último minuto de vida, y eso debería llevarnos más a disfrutar el presente que a preocuparnos de más por el futuro. Cuando muramos igual no nos llevaremos nada, solo tendremos la experiencia de lo vivido. 


Por eso considero clave que nos preguntemos todos los días si hemos sido fieles a nosotros, a nuestra felicidad y, por ende, si al momento de morir podremos decir “he hecho cuanto he querido, soy feliz y no me arrepiento de ello”. Y lo digo no porque salgamos todas las mañanas a buscar morir, si no todo lo contrario, para que busquemos vivir, ser fieles a nosotros mismos,  dejar de mentirnos por el qué dirán y vivir al máximo cada día, al final estas bien podrías ser las últimas palabras que yo escriba, o lo último que usted lea.


Así que termino esta pequeña reflexión con una invitación a pensar más en su vida en la tierra, a una vida más allá de la muerte, pues no sé si lo sepan, pero de esa otra vida que muchos hablan no hay mayor evidencia científica. ¡Vivamos que la vida es una y no sabemos hasta cuando la tendremos!


By Charria.

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